13/8/08

No recordar

Y que mas trágico que un día comience con las palabras “mal día” entre una oración, tal vez simple coincidencia, como la palabra melancolía, como la palabra decepción, y todos esos descalificativos que reúnes cuando quieres tirarte en medio de una calle y gritar a todo pulmón el querer desaparecer.
Cuando todo comienza mal, como cuando de desayuno solo quieres comer pan con palta, y estas obligada a comer pan con queso, o no comer, o resignarte a buscar las paltas, ¿y si estas atrasada?. No se si también fue simple coincidencia el olvidar donde me encontraba en la mañana, pasarme unas cuadras, olvidar la sala, buscar la sala, querer salir de ella en cuanto entré, y no les entiendo, no les entendí, tampoco entendí como de un momento a otro llegué a la calle y en medio de toda desesperación deseé llorar, sentarme en la esquina como una niña perdida, en el rinconcito mas oscuro, y maldecir, para que alguien me diga que esta mal, y no lo reniegue como bien…Tampoco entendí a ese tipo amargado y mi pacifica reacción ante él, tampoco entendí ese letrero de decepción que cargas, y aquella patética cobardía de hacerle honor.

A pesar de ser un “mal día”, comí mucho chocolate, y eso hace serlo un poco más lindo, por que el chocolate libera endorfinas, te crea una “pseudofelicidad” y supuestamente aminora el estrés, pero de supuestos a veces no creo nada, también el perderse reitera aquella característica volada que -desgraciadamente- por suerte y sin embargo no he de perder, sumándole las constructivas conversaciones inentendibles con mas chocolate y esas dosis de humo que detesto y no detesto conservar.

Y es que durante el día tampoco comprendo como fue que volví, compartimos arrebatos y me hiciste llegar tarde, dos veces, y hubiera preferido quedarme ahí, y es que fui inentendible por un día, fuimos inentendibles.
Y que peor que volver a llegar tarde, y como quise decirle que se callara, y no fui la única, ¿qué tenían en mente?, ¿superhéroes? , y, ¿qué teníamos en mente nosotras?, ¿resignación?.
Que mas triste que un intento de sobredosis de endorfinas chocolatadas en desilusionante poca cantidad que ni calza para perder el hilo de tu vida por un momento….
Mas intrigante fue un “no los entiendo”, lo mismo pensaba yo, pensando que ella no lo creía así, mas intrigante fue ver su tristeza y callada soledad momentánea, mas intrigante fue ver aquella esencia de quienes tiendes a obviar percibir, y por un momento escapo una sonrisa, y fue triste ver que ella no lo hacia.

No entendí como de un momento a otro me encontré caminando con un grupo de noche por la calle, recordando que nunca nada resulta como se planeó, y que aunque luches por lo contrario, te enrabies, te deprimas, no hay que hacerle, - maldito destino - , mas que aprovechar el momento, ¿y si no tuviera sentido?, pues encontrárselo.
Tampoco esperaba encontrarme en medio de una calle, en esa ausencia de estrellas, tanto figurada como natural, que ausencia, siendo el frío el único presente, el acelerado mundo que bajo las luces caminaba a prisa, con lentitud, con molestia, con cansancio, con risas…y no quería unirme a ello, no quería realidad, quería quedarme ahí, ahí en medio de la callecita, viéndolos ser, viéndolos partirse, viéndolos, viéndolos y olvidar el estar ahí….

Y les encontré, en el fondo de la mochila, restos de chocolate, no, nada de “pseudofelicidad”, que mas trágico que un día comience con las palabras “mal día”, si, si hasta los rayitos del sol olvidaron brillar…no, no mas chocolate, no mas por hoy...