10/11/08

El ruido de las micros me hace temblar de revoluciones, me recuerda, si, cuando vas en ella, contemplando el mundo desde sus ventanas, de esas que destacan todo, y a la vez nada. Y desde ahí, ves el demás mundo correr, y tú, no corres a la par del, ves un mundo más bonito, más bonito que el tuyo, menos vacio, menos adolorido…

Fue un remarcado punto final, o los burlones rayitos del sol mientras anochecía, que hicieron resurgir aquellos arrebatos, la callecita que guardo los sollozos, y el grito de que nadie estaría ahí para consolarlos. Fue tal vez la amenazante dicha del silencio, único encubridor de aquellos inútiles balbuceos, la ya realidad despreciada, maquillada, re maquillada, y las decepciones pisoteando ya hasta el cuello…
La noche atragantó las esperanzas, la desazón, la herida…

No, no creo en los milagros, pero por hoy, por ahora, me gustaría creer y aferrarme a algo…

¡¡¡Lo gritó, lo gritó!!!
Pero ya nadie susurra…